Fracasar en un proyecto no significa fracasar como persona

Muchas veces, fracasar en un proyecto se interpreta como un objetivo no logrado. Sin embargo, el fracaso también tiene otras formas.

Puede ser quedarse en la zona de confort por el miedo a que las cosas no salgan como esperamos. O incluso no ser capaces de aprovechar un error como una oportunidad para mejorar. Veamos un poco más de qué se trata y de qué manera el fracaso puede convertirse en nuestro principal aliado en determinadas circunstancias.

¿Qué implica fracasar en un proyecto?

No poder lograr lo que uno quiere despierta un montón de emociones: frustración, angustia, malestar. Es importante reconocerlas y gestionarlas para impedir que empiecen a afectar nuestro estado de ánimo y nuestra autoestima. De un error siempre podemos aprender y hacer una autocrítica positiva.

También puede ayudar el hecho de resignificar el fracaso en un proyecto: no nos cambia como personas. Simplemente significa que lo intentamos y no lo logramos, pero siempre puede volver a presentarse otra oportunidad. Es necesario empezar a salirnos del exitismo.

Fracasar en un proyecto a veces es la única forma en la que se concreta un cambio. Muchas decisiones que se toman por inercia se ven desafiadas por resultados variados y no esperados. Resultados que se totalizan bajo la etiqueta de fracaso, pero que en realidad permiten innovar, repensar y apostar por la creatividad.

Miedo al fracaso.
El miedo a futuros fracasos puede ser paralizante, dejándonos en una zona de confort que no nos permite evolucionar.

¿Por qué suelen fracasar algunos proyectos?

Algunas de las razones por las que muchos proyectos quedan a mitad camino son las siguientes:

  • Mala planificación: no existe un cálculo real de los recursos que necesitamos, ya sea en dinero o en tiempo.
  • Se proponen planes demasiado ambiciosos, pero poco realistas.
  • Mala comunicación o gestión.
  • Exceso de confianza y falta de preparación: cualquier proyecto que emprendamos requiere que nos anticipemos a ciertos escenarios.
  • Falta de equipo: a veces concentramos todos los esfuerzos en nosotros mismos y no pedimos ayuda a otros. En algunos casos, hay que aprender a delegar.
  • Los proyectos también fracasan porque no hay controles. Entonces, cuando existen contratiempos o desvíos respecto a los objetivos, no logramos advertirlo a tiempo para hacer los ajustes necesarios.

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¿Qué tener en cuenta para avanzar en nuestros proyectos?

En primer lugar, tienes que saber que tu valor como persona no depende del éxito o fracaso de un proyecto. Depende de muchas otras cosas, como esforzarte por alcanzar lo que quieres o ser respetuoso con los demás.

Entonces, aprende a relativizar la importancia de un resultado, a no quedarte con una lectura de todo o nada. Para no quedar detenido en una situación es importante reconocer y aceptar la misma.

Por eso, también se puede indagar  en qué es lo que realmente te angustia de haber fracasado. Muchas veces descubrimos que hay otra razón de fondo que poco tiene que ver con la tarea en sí, sino con lo que proyectabas en ella.

A su vez, es necesario ser flexibles, adaptarse a las situaciones tal como se presentan y buscar aplicar nuestra creatividad para encontrar nuevas salidas. También tenemos que trabajar la tolerancia a la frustración para que el asunto no nos afecte más de la cuenta.

Reconoce tus emociones, acepta que la estás pasando mal, enójate o tomate unos días para recuperarte. Pero no hagas de cuenta que aquí no pasó nada. Solo una persona necia, incapaz de aprovechar una circunstancia de aprendizaje, dejará pasar por alto la oportunidad de mejorar.

Por otro lado, también es importante tener en claro nuestros objetivos. Así podremos estar orientados respecto hacia dónde queremos ir y también hacer un seguimiento de los avances.

Hombre estresado por el fracaso.
El camino a lo que se entiende como éxito implica obstáculos y objetivos no cumplidos que no pueden desalentarnos.

Resilientes al fracaso

Hacer una oportunidad de un fracaso o de una crisis es el sentido de la resiliencia. Es reconocer que somos vulnerables, que no somos perfectos, sino perfectibles.

De este modo, también nos permitimos disfrutar de los procesos, en lugar de únicamente valorar los resultados. En distintos lugares del mundo, empresarios empezaron un movimiento contra-exitista, en el que comparten todas aquellas situaciones por las que pasaron antes de llegar a la cima. El éxito es lo que todos ven, pero detrás de él hay numerosos desaciertos y caídas.

Normalicemos los errores

Una frase muy conocida dice que no hay peor batalla que aquella que no se da. Con esto, lo que se quiere decir es que antes de empezar, ya tenemos una negativa. Entonces, ¿por qué no lo haríamos, qué tenemos por perder?

Lo mejor es intentarlo y aceptar que una situación solo tiene dos resultados posibles: puede salir bien o mal. Sin embargo, ambos resultados tienen algo para enseñarnos.

Por eso, al empezar un proyecto es importante reconocer que existe un margen de equivocación del que podemos aprender. Hacer parte de nuestra vida las equivocaciones hará que podamos vivirlas con mayor naturalidad y menos frustración.

Por último, pensemos que fracasar en un proyecto implica que tenemos un proyecto, lo que es un indicio de motivación y de interés. Es decir, pasemos a aceptar que el fracaso es inherente a cualquier movimiento que hagamos. Se equivoca aquel que vive, que respira, que se mueve. Y vivir, vale la pena.

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