Sesgo retrospectivo: ¿de qué se trata?

El cerebro es un órgano complejo y fascinante; nos permite razonar, interpretar las situaciones e incluso anticiparnos a los posibles resultados de un evento. Sin embargo, este proceso mental no es infalible. Con frecuencia, cometemos errores sin siquiera ser conscientes de ellos. Es lo que sucede con el sesgo retrospectivo, que nos hace pensar que sabíamos lo que iba a acontecer, incluso antes de que ocurriese.

Todos hemos experimentado los efectos de este sesgo. Una vez observados los resultados y el desenlace de una situación, nos parece obvio que todo se iba a desenvolver de esa manera.

“Sabía que no me cogerían para ese puesto de trabajo”, “estaba claro que esa relación no tenía futuro”, “era evidente quién iba a ganar ese partido”. En definitiva, todo nos parece muy claro luego, pero en su momento no lo era tanto.

¿Qué es el sesgo retrospectivo?

El sesgo retrospectivo forma parte de los múltiples sesgos cognitivos que presentamos y empleamos diariamente de forma involuntaria. Estos sesgos cognitivos son distorsiones en el proceso de razonamiento que nos llevan a interpretar la información de una forma poco ajustada a la realidad.

Los aplicamos, por ejemplo, cuando juzgamos a una persona con base en estereotipos o cuando seguimos el pensamiento grupal (solo por ser mayoritario), creyendo que realmente es nuestra opinión.

En este caso, el sesgo retrospectivo nos lleva a pensar que sabíamos exactamente cómo ocurriría algo. Pero lo hacemos una vez que disponemos de los resultados finales.

Es decir, nos convencemos de haber previsto un acontecimiento, pero cuando este ya ha tenido lugar. A posteriori, alteramos el recuerdo de nuestro juicio pasado a fin de que sea compatible con lo que sabemos ahora. Podría decirse que estamos sesgados por el conocimiento adquirido con posterioridad.

El cerebro humano tiene sesgo retrospectivo.
El cerebro está afectado por los sesgos cognitivos para interpretar la realidad.

Algunos ejemplos del sesgo retrospectivo

En la vida cotidiana podemos encontrar multitud de ejemplos al respecto. Por ejemplo:

  • Cuando descubrimos que una persona nos ha estado mintiendo y afirmamos que siempre supimos que no era de fiar.
  • Si dos personas se pelean, pensamos que había claras señales de que su relación no era buena.
  • Si nos aceptan en una facultad, tenemos la sensación de que siempre supimos que así sería.
  • Cuando se descubre el diagnóstico médico de un paciente, los profesionales pueden considerar que era evidente que eso era lo que le pasaba.
  • Al analizar acontecimientos históricos, consideramos que lo ocurrido era lo esperable. Esto se demostró, por ejemplo, en una investigación en la que se exponían las acciones de un personaje histórico ficticio. Los participantes (tanto a quienes se les dijo que el mismo realizó acciones heroicas como cobardes) consideraron que era evidente que el personaje iba a actuar así.

Investigación al respecto

Este sesgo cognitivo se ha confirmado a través de abundantes e interesantes estudios científicos que demuestran que se presenta en muy diversas situaciones. Por ejemplo, en un estudio, los investigadores pidieron a una serie de voluntarios que evaluaran la probabilidad de ocurrencia de ciertos eventos durante una gira internacional del presidente Richard Nixon. Tiempo después, se les pidió que estimaran las probabilidades que creían haber ofrecido ellos mismos con anterioridad.

Los resultados mostraron que, ante los eventos que en efecto habían ocurrido, las estimaciones eran mucho más altas de lo que fueron en primera instancia. Es decir, las personas sobreestimaban su capacidad pasada para predecir el futuro.

En otro estudio se les presentó a los participantes un relato con cuatro posibles desenlaces. A cada grupo se le informó de que un desenlace diferente había ocurrido en realidad y se les pidió que estimaran la probabilidad de ocurrencia de cada escenario. En todos los casos se evaluó como mucho más probable el resultado que se consideraba como cierto.

Además, se ha observado que a posteriori, no solo simplificamos el análisis, sino que somos mucho más duros y críticos cuando el resultado es desfavorable. Por ejemplo, en una investigación se le pidió a un grupo de médicos que revisaran unas notas clínicas. Para todos eran idénticas y únicamente diferían en el resultado del paciente (positivo en unos casos y negativo en otros). Cuando el resultado fue negativo, los profesionales realizaron críticas mucho más duras.

¿Por qué se produce?

Hay varias causas y factores relacionados que pueden contribuir a que se produzca el sesgo retrospectivo:

  • El cerebro humano funciona con patrones y asociaciones de ideas. Así, cuando una consecuencia sigue a una causa, lo unimos como un patrón único que nos permita recordarlo y prever en el futuro situaciones similares.
  • Por otro lado, a los seres humanos no nos gusta la incertidumbre. Necesitamos percibir que el mundo es un lugar predecible y controlable.
  • Una vez que observamos y comprendemos cómo ha sucedido un evento, este nos parece más probable y previsible. Sin embargo, antes de obtener esa información esto no era así.
  • Los eventos cuyo resultado tiene un valor negativo son más susceptibles de provocar el sesgo retrospectivo. Es decir, que las situaciones que catalogamos como desafortunadas nos parecen mucho más previsibles una vez que han ocurrido, que las positivas.
  • Cuando un resultado nos sorprende sobremanera, este sesgo solo aparece si logramos encontrar congruencia entre la información que teníamos al inicio y el real desenlace. De no ser así, surgirá el efecto contrario y pensaremos que no había modo de saberlo.
Pesimismo por el sesgo retrospectivo.
Las situaciones fallidas o negativas tienden a crear con mayor frecuencia el sesgo retrospectivo.

El sesgo retrospectivo puede afectar nuestras decisiones

Este sesgo está presente tanto en niños como en adultos y no supone ninguna patología; es solo un atajo mental que nos sirve para obtener una mayor sensación de coherencia. Sin embargo, puede afectarnos.

Por ejemplo, al alterar el recuerdo de nuestro juicio pasado, podemos creer que somos más capaces de predecir y adivinar un desenlace de lo que verdaderamente somos. Y esta confianza puede llevarnos a tomar decisiones equivocadas. Por ello, aunque no podemos evitar que ocurra, conocerlo y mantenernos alerta es de gran ayuda.

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